
Solemos asociar la curiosidad a los más pequeños de la casa. Observamos que los niños se interesan por todo, miran siempre lo que les rodea y, cuando son algo más mayores, preguntan el por qué de todo.
Parece que, conforme vamos sumando años, la curiosidad va perdiendo presencia en nuestro día a día. Las obligaciones, los ritmos frenéticos de vida y la falta de tiempo libre no nos dejan espacio para seguir curioseando.
Cuando se llega a la etapa de la jubilación, aparece un nuevo hueco de tiempo que es perfecto para alimentar la curiosidad.
En primer lugar, cabe decir que la curiosidad es una de las fortalezas psicológicas intrínsecas del ser humano. Algunas personas la tienen muy desarrollada y a lo largo de la vida la van manteniendo viva y entrenada.
Otras, en cambio, no ponen atención a esta capacidad que tenemos y pierden una gran oportunidad de alimentar su felicidad a través de la curiosidad.
El hecho de ser curioso es una actitud ante la vida. Es la capacidad que tenemos de interesarnos por aquello que nos ocurre por dentro y por aquello que nos rodea.
Además, podemos entender la curiosidad como un motor que nos empuja a conocer, preguntar, aprender y, a la vez, disfrutar. Y para todas estas acciones no hay edad.
Son muchos los beneficios que proporciona la curiosidad, pero antes de enumerarlos queremos diferenciar la curiosidad buena de la curiosidad mala.
Esta segunda es aquella que nos hace ser chismosos y que nos impulsa a buscar información sobre los demás que no nos beneficiará para nada.
Por otro lado, la que sí hemos de practicar es la curiosidad buena, esta capacidad de abrirnos a la exploración, de poner interés en conocer aquello que no conocemos y de encaminarnos a experimentar nuevas situaciones.
En este caso, queremos proponer una lista de acciones para alimentar la curiosidad de nuestros mayores con el objetivo de entrenarla y que les asegure bienestar y momentos de ocio de calidad.
Tener siempre un “sí” ante las propuestas que se les presenten. Con una actitud positiva se fomenta la curiosidad y el abrirse a nuevos horizontes.
Cada persona puede practicar el hecho de ser curiosa, pero es necesario contar con un entorno social que motive esta práctica.
Además, para nuestros familiares mayores será muy positivo si les ayudamos a dejar de lado miedos e incertidumbres ante las cosas desconocidas.
Siempre conociendo y respetando las limitaciones individuales, podemos acompañar a las personas mayores en este proceso de recuperar la curiosidad de cuando éramos niños.
Desde SeniorDomo mantenemos la firme idea de que las personas mayores deben seguir activas física, mental y socialmente.
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