
La generación de nuestros abuelos ha vivido muchos cambios a todos los niveles: sociales, culturales, económicos, etc. Son personas que cuando eran jóvenes, incluso niños, no pasaron por buenas épocas y tuvieron que arreglárselas para salir adelante. Algunas de ellas emigraron dejando atrás sus hogares, otras empezaron a trabajar desde muy pequeñas y no pudieron escolarizarse, siempre teniendo que apañárselas solas.
Crecieron bajo las frases “has de poder hacer todo sin ayuda” o “deberás sacarte las castañas del fuego sin contar con nadie”. Aprendieron a no tener que pedir favores o consejos y creen que cualquier cosa que pidieran sería una gran molestia para los demás.
Esta misma generación consiguió sacar adelante a sus familias, tener un hogar, mantener un trabajo hasta jubilarse e, incluso, irse de vacaciones y mantener una vida estable, cómoda y feliz con los suyos. Sin embargo, cuando una persona envejece, es lógico que no quiera pedir ayuda, ya que nunca la pidió y no está acostumbrada a reclamar atención.
Cada envejecimiento es diferente y es esencial que las personas conozcan cómo el cuerpo, la mente, el organismo al completo, las funciones cognitivas y las emociones van evolucionando a lo largo de los años. Han de informarse sobre qué ocurre con la edad, tanto a nivel físico como psíquico, para saber en qué momento empiezan a sentirse vulnerables o simplemente detectar cuándo algo no empieza a ser del todo normal.
El primer paso es detectar aquello que ha cambiado, buscar opciones para solventarlo y, lo más importante, abrirse a los familiares para compartir aquello que les está ocurriendo. Deben empoderarse de tal manera que no les cueste pedirnos aquello que necesitan.
Es cierto que la vida va deprisa, se mezclan obligaciones de todo tipo y parece que nos sea cómodo que las personas mayores de nuestra familia cuando las llamamos siempre nos responden con un “todo bien, no te preocupes”. De esta manera, seguimos con nuestros días y nos quedamos tranquilos pensando que realmente todo está bien.
Hemos de estar más presentes en la vida de nuestros mayores y, a la vez, ser más sensitivos ante esas palabras de que todo está bien y saber detectar matices. Actualmente, existen métodos que nos permiten, cuando no tenemos tiempo físico, cuidar de los mayores y estar más atentos a su día a día. Desde los servicios de teleasistencia que podemos ajustar al 100% a las necesidades y características de nuestro mayor hasta la presencia de cuidadores en sus hogares.
Una vez la información sobre el problema o la situación incómoda de la persona mayor que existe es conocida por ambas partes, es cuando se ha de tomar la decisión conjuntamente sobre qué haremos para garantizar el bienestar de nuestro mayor en su hogar, que es donde quiere seguir estando.
En la mayoría de los casos, la teleasistencia moderna es una muy buena opción ya que no es invasiva y ambas partes quedan contentas: los mayores se sienten cuidados y protegidos dentro de sus casas porque cualquier cosa que ocurra, queda registrada y sus familiares se enteran en un plazo muy corto de tiempo.
Desde SeniorDomo consideramos elemental iniciar un proceso de ayuda conjunto por parte de la familia para que sea una decisión consensuada. Si necesitas ayuda para conseguirlo, asesoramiento o que te expliquemos más detalles de nuestra solución de teleasistencia haz click aquí.