
La salud cardiovascular es uno de los pilares fundamentales para garantizar un envejecimiento activo y de calidad. Dentro de este ámbito, la tensión arterial actúa como el termómetro de nuestras arterias.
Con el paso de los años, es completamente normal que los vasos sanguíneos pierdan elasticidad y se vuelvan más rígidos, lo que suele alterar las lecturas del tensiómetro. Desde Seniordomo queremos explicarte de forma sencilla cuáles son los valores adecuados en la tercera edad, qué riesgos reales existen cuando se descontrola y cómo mantenerla a raya en el día a día.
A diferencia de los adultos jóvenes, los objetivos de tensión arterial en personas mayores suelen ser un poco más flexibles para evitar bajadas bruscas que puedan provocar mareos o caídas.
La tensión se mide con dos valores: la sistólica (la alta, cuando el corazón bombea) y la diastólica (la baja, cuando el corazón descansa).
En líneas generales, para una persona mayor de 65 años sana, se considera un valor óptimo estar por debajo de 130/80 mmHg. Sin embargo, en personas de edad muy avanzada (mayores de 80 años) o con cierta fragilidad, los médicos suelen dar por buenos valores de hasta 140/90 mmHg para la alta. Lo ideal es que el médico de cabecera determine el rango idóneo según el historial clínico de cada persona.
Tanto si la tensión está demasiado alta como si está demasiado baja, el organismo senior sufre.
La hipertensión (tensión alta) es conocida como el enemigo silencioso porque no suele doler ni dar avisos llamativos. Sin embargo, mantener los niveles elevados de forma constante daña las arterias y multiplica el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares (Ictus), infartos de miocardio o deterioro cognitivo vascular.
Por otro lado, la hipotensión (tensión baja) es muy común en verano o tras levantarse rápidamente de la cama o del sofá (hipotensión ortostática). Su principal riesgo no es el daño arterial, sino los síntomas inmediatos: debilidad, visión borrosa, mareos intensos y, en el peor de los casos, desmayos que terminan en caídas y fracturas óseas.
Mantener la tensión en rangos saludables combina el seguimiento médico con hábitos de vida muy sencillos pero constantes:
Consejo de Seniordomo: Uno de los mayores peligros para la tensión arterial en personas mayores es el olvido o la duplicación de las pastillas para la hipertensión. Los despistes con la medicación pueden provocar picos peligrosos o bajadas severas. Contar con sistemas de teleasistencia o recordatorios inteligentes ayuda a que cumplan con su tratamiento de forma estricta y segura.
¿Por qué fluctúa tanto la tensión a lo largo del día? La tensión no es una cifra fija; es dinámica. Sube de forma natural por las mañanas al despertar, con las emociones, el esfuerzo físico o el estrés, y baja durante el descanso, el sueño o después de comidas copiosas. Lo preocupante son los valores altos o bajos que se mantienen en el tiempo.
¿Qué hacer ante una bajada repentina de tensión? Si la persona mayor se marea, ayúdala a sentarse o, idealmente, a tumbarse boca arriba y elévale las piernas unos 45 grados para favorecer que la sangre retorne al cerebro. Dale a beber un poco de agua o una bebida con algo de azúcar si está completamente consciente. Si no se recupera en unos minutos, contacta con los servicios sanitarios.