
La polifarmacia es el uso simultáneo de cinco o más medicamentos por una misma persona. Cuando son diez o más se habla de hiperpolifarmacia o polifarmacia extrema. Es la definición que usa la Real Academia Nacional de Medicina de España y la que se aplica en atención primaria y en los hospitales.
Lo importante no es solo el número. Los médicos distinguen entre polifarmacia adecuada, cuando cada fármaco está justificado y revisado, y polifarmacia inadecuada, cuando hay medicamentos que ya no hacen falta, que se duplican o que se llevan mal entre sí. El problema de seguridad está en la segunda.
Según un análisis de la Encuesta Nacional de Salud con 7.023 personas de 65 años o más que viven en su casa, el 27,3 % tomaba cinco o más medicamentos y el 0,9 %, diez o más. Los propios autores advierten de que la cifra real es probablemente mayor, y que podría llegar al 37,5 % si se cuentan los fármacos repetidos para la misma indicación.
Dicho de otra forma: si tus padres tienen más de 65 años, hay entre una y dos posibilidades de cada cuatro de que estén en polifarmacia. Y la probabilidad sube con la edad y con cada enfermedad crónica que se suma.
El cuerpo de una persona mayor no procesa los medicamentos igual que a los cuarenta años. El riñón y el hígado eliminan los fármacos más despacio, hay menos agua y más grasa en el organismo, y la sensibilidad a algunos efectos (sobre todo los que afectan al cerebro y a la tensión) es mayor. Con cinco o más fármacos, las interacciones se multiplican y los efectos se acumulan.
Las cifras que recoge la Real Academia Nacional de Medicina son claras: la mitad de las personas mayores tratadas con fármacos desarrollan en algún momento una reacción adversa, y alrededor del 30 % de las hospitalizaciones en mayores están relacionadas con reacciones adversas a medicamentos. En un estudio con 4.183 pacientes mayores de 75 años en 16 hospitales españoles, el 23,5 % de las prescripciones eran potencialmente inapropiadas.
En casa, ese riesgo se ve de cuatro formas:
Caídas. Es la consecuencia más frecuente y la más grave. Medicamentos para dormir, para la ansiedad, para la tensión, diuréticos y algunos analgésicos producen mareo, bajadas de tensión al levantarse y somnolencia. Una caída a los 80 años con la cadera rota cambia la vida de toda la familia.
Confusión y pérdida de memoria. Algunos fármacos, sobre todo las benzodiazepinas y los que tienen efecto anticolinérgico, producen un deterioro que se confunde con demencia. A veces el «se está volviendo despistado» de un padre es la medicación.
Errores en la toma. Con cinco o más cajas, es fácil tomar dos veces la misma pastilla, saltarse una o confundir la de la mañana con la de la noche. Cuantos más medicamentos, más errores.
Efectos en cadena. Un fármaco provoca un síntoma, se añade otro para tratar ese síntoma, y así. Los geriatras lo llaman «cascada terapéutica», y es una de las causas principales de que la lista crezca sin que nadie la revise entera.
Según la Real Academia Nacional de Medicina, el 80 % de las reacciones adversas en mayores vienen de unos pocos grupos: hipoglucemiantes (sobre todo insulina), antitrombóticos (anticoagulantes y antiagregantes), analgésicos y antiinflamatorios, diuréticos, antibióticos, corticoides y antipsicóticos. En los hospitales españoles, las benzodiazepinas (lorazepam, diazepam y similares, los «tranquilizantes para dormir») son el grupo que más aparece entre las prescripciones inapropiadas.
Esto no significa que haya que quitarlos. Significa que, si tu padre o tu madre toma alguno de estos, la revisión de la medicación no es opcional.
Esto se puede comprobar en una visita:
Pedir una revisión de la medicación. Es un servicio que hace el médico de familia o la farmacia comunitaria. Se lleva la lista completa (o las cajas en una bolsa) y se revisa cada fármaco: si sigue haciendo falta, si la dosis es la adecuada para la edad y el riñón, y si interacciona con los demás. La Real Academia Nacional de Medicina recomienda hacerla de forma sistemática y, además, en cada cambio de nivel asistencial: al ingresar en el hospital, al salir y al cambiar de médico.
Preguntar por la deprescripción. Es retirar, sustituir o bajar la dosis de medicamentos que ya no aportan beneficio. No es «dejar de tratar»: es ajustar el tratamiento a la persona de hoy, no a la de hace diez años. Siempre lo decide el médico, nunca la familia por su cuenta.
Una sola lista, actualizada. En papel, en la nevera, y una foto en el móvil de los hijos. Con nombre, dosis, hora y para qué es. Cada vez que un especialista cambie algo, se actualiza. Es lo que evita que el cardiólogo no sepa lo que recetó el traumatólogo.
Un pastillero semanal y un recordatorio. Reduce los errores de toma. Si tus padres viven solos, un recordatorio que vibre a la hora de la pastilla ayuda más que la llamada de «¿te la has tomado?», que suele molestar y no siempre es verdad.
Vigilar las primeras semanas de un cambio. Cuando se añade, se quita o se cambia la dosis de un medicamento, los efectos (mareo, confusión, caídas) suelen aparecer en los primeros días. Es el momento de llamar más y de mirar más.
La revisión de la medicación reduce el riesgo, pero no lo elimina. Un mareo al levantarse de noche sigue siendo posible, y si la persona vive sola, lo que importa es que alguien se entere en el momento. Un reloj de teleasistencia que detecta la caída solo, que avisa si lleva horas sin moverse y que recuerda la hora de la medicación cubre justo ese hueco: el de la persona que, aun con todo bien ajustado, un día no puede pedir ayuda. En SeniorDomo trabajamos en eso; si quieres ver cómo funciona, está explicado aquí [enlace a la página del reloj].
¿A partir de cuántos medicamentos se considera polifarmacia?
A partir de cinco medicamentos tomados de forma simultánea. Con diez o más se habla de hiperpolifarmacia.
¿Tomar muchos medicamentos provoca caídas?
Sí. Los sedantes, los antihipertensivos, los diuréticos y algunos analgésicos producen mareo, somnolencia y bajadas de tensión, y la combinación de varios multiplica el riesgo. Las caídas son uno de los síndromes geriátricos que la polifarmacia puede provocar.
¿Puede la medicación parecer una demencia?
Sí. Algunos fármacos, como las benzodiazepinas y los anticolinérgicos, producen confusión y pérdida de memoria que se confunden con deterioro cognitivo. Por eso, ante un cambio brusco, lo primero es revisar la medicación con el médico.
¿Quién hace la revisión de la medicación?
El médico de familia, el geriatra o el farmacéutico comunitario. Se lleva la lista completa, incluidos los productos sin receta, y se revisa cada fármaco.
¿Puedo retirar yo un medicamento que creo que le sienta mal a mi madre?
No. Retirar o cambiar la dosis de un medicamento sin control médico puede ser más peligroso que mantenerlo. Lo correcto es pedir cita y plantearlo.